Pensamiento político y social,
Política internacional
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Europa
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(Global)
19 de abril de 2007
Unas cuatrocientos personas se reunieron el pasado fin de semana en Rostock, una ciudad del norte de Alemania. A pocos kilómetros de ahí, en el pueblo costero de Heiligendamm, se va a celebrar la reunión del G-8, en la primera semana de junio.
Estados Unidos, Canadá, Francia, Reino Unido, Italia, Alemania, Japón y
Rusia son lo convidados especiales de este club exclusivo. En su torre de
marfil, justo a la orilla del mar, van a tomar importantes decisiones sobre
el destino del mundo, fuera de cualquier institución democrática.
Ya hace más de 7 años que la sociedad civil se moviliza para denunciar la
ilegitimidad de esta cumbre y para tratar de modificar la agenda de los
poderosos. La contra cumbre más participada fue la de Génova, en 2001, cuando la policía italiana reprimió con violencia un movimiento en su gran mayoría pacífico.
El fin de semana pasado, en Rostock, hubo reuniones para preparar la contra cumbre y las manifestaciones en contra de la cumbre oficial. Reunidos en un colegio en la periferia de la ciudad, centenares de personas
estuvieron discutiendo sobre los contenidos y las formas de las protestas
que se van a desarrollar. El domingo hubo una manifestación en Heiligedam, donde se va a celebrar la cumbre. Algunos activistas lograron romper la barrera policial rodeándola, totalmente desnudos, a través de la mar.
Los medios comunitarios también se preparan para dar cobertura a las actividades y manifestaciones que se realizarán en el mes de junio.
Entrevistamos a Falk, uno de los activistas que desde Rostock está participando en la organización de las protestas.
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