
Los terrenos donde se encuentra la incineradora de Zabalgarbi, situada en las afueras de Bilbao, presentan en los últimos meses niveles crecientes de contaminación. Los análisis efectuados en distintos puntos del exterior de la planta revelan la existencia de ciertos metales pesados, cloruros y un incremento de la conductividad en el suelo colindante. Se da la circunstancia de que el canal de Ordunte, que abastece de agua potable a la ciudad de Bilbao, circula por debajo de las instalaciones a tan sólo unas decenas de metros de profundidad, lo que está generando una entendible preocupación.
La ubicación de Zabalgarbi, situada en las faldas del monte Arraitz, a escasos dos kilómetros de la capital vizcaína, ya fue ampliamente debatida en la década de los noventa, cuando se empezó a estudiar la conveniencia de construir una incineradora que permitiese convertir en electricidad parte de los residuos sólidos urbanos que genera la provincia de Vizcaya. Algunos partidos, organizaciones ecologistas y colectivos ciudadanos iniciaron una campaña de protestas. Finalmente, el Gobierno vasco dio luz verde al proyecto que empezó a operar en 2004.
Desde Tas-Tas Irratia, en Bilbao, conversan con Josetxo Alvarez, de la organización Ekologistak Martxan.
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