
Cuando llega el buen tiempo a Europa aumenta también los intentos de migrantes africanos de llegar a suelo europeo a través de los terribles viajes en pateras y cayucos endebles. Cada vez el punto de partida de esos viajes se aleja más geográficamente, a países como Senegal, ya que en Marruecos, gracias a las ayudas europeas, las autoridades realizan redadas contra los y las migrantes que se encuentran a la espera de tener la oportunidad de subirse a una patera.
La policía y el ejército marroquí hacen el juego sucio a Europa para evitar que lleguen estas personas a la Unión Europea. A cambio los países europeos firmaron hace años un acuerdo económico muy beneficioso para el reino marroquí.
Pero los que están sufriendo la represión son personas, con rostro, nombre, familia y con una historia personal de pobreza y sufrimiento que se alarga durante años. Para los políticos y medios de comunicación europeos los migrantes son despojados de esa condición humana y se convierten en cifras, estadísticas, número de detenidos y desde ahí es más fácil concebirlos como enemigos contra los que hay que luchar y a los que hay que prohibir entrar en suelo europeo.
Nuestra intención es humanizar el hecho migratorio, escuchar la voz y opinión de esos migrantes que se encuentran en Marruecos. Conocer sus historias. Para eso recordamos un trabajo realizado por nuestro compañero Carlo Cascione, quien consiguió acceder a ellos a pesar de los impedimentos policiales y conversó con algunas de estas personas migrantes llegadas a Marruecos desde diferentes países africanos. En primer lugar escuchamos a un migrante de Costa de Marfil.
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