Medios de comunicación,
Política internacional
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(Global)
2 de diciembre de 2010
La Casa Blanca no perdona a Julian Assange por haber procedido a revelar íntimos secretos del Departamento de Estado, a partir de la fuga de mensajes a los que tuvo acceso Wikileaks y a través de los cuales se ha expuesto al aparato de la diplomacia norteamericana al desnudo.
El Presidente Barak Obama y la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, han insinuado que Assange no podrá salir airoso de estas revelaciones sin que él y otros responsables paguen las consecuencias.
Desde el pasado día 29 de noviembre, cinco periódicos de Estados Unidos y
Europa, en comunión con Wikileaks, empezaron a revelar documentos secretos de tal magnitud que permiten componer una geografía precisa sobre la forma y el proceder de la diplomacia norteamericana, a partir de conflictos como el palestino-israelí, el programa nuclear iraní, la amenaza del arsenal nuclear de Paquistán, el avance de Hugo Chávez en América Latina, la figura de Evo Morales y Cristina Fernández de Kirchner, los difíciles equilibrios del presidente Lugo de Paraguay, el poderío chino en Asia, las presiones sobre la Audiencia Nacional de España, el golpe de estado en Honduras, y más.
La mayor fuga de información originada por Wikileaks ha sido capaz de tocar el corazón de Washington, siendo ahora la respuesta de los halcones y gavilanes del Congreso norteamericano desesperada para encausar a Assange bajo cargos de "conspiración contra Estados Unidos", al robar - y no revelar, dicen- " información secreta y confidencial”.
Sobre este asunto Pablo Gámez, de Radio Nederland, entrevista a Ignacio Ramonet, experto en política internacional y medios de comunicación.
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