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Europa
15 de febrero de 2013
Los intereses de los consumidores parecen relegados al olvido mientras se desarrolla el escándalo sobre la carne equina no etiquetada en productos de consumo, en el que ya se han visto involucrados varios países de la Unión Europea como Suecia, Francia Países Bajos y Rumanía.
El conflicto se desató cuando el pasado mes de enero fue hallada carne de caballo en hamburguesas en Irlanda y Reino Unido. Mientras las empresas multinacionales estarían manipulando la información, los analistas opinan que la salud pública parece quedar relegada a un segundo plano.
La tensión entre las multinacionales implicadas sube como la espuma. La demanda que será presentada por la empresa sueca Findus contra la francesa Comigel y sus proveedores despierta una ola de acusaciones mutuas entre varios estados europeos. Findus ha decidido emprender acciones legales contra sus proveedores después de que las pruebas hallaran que algunas de sus lasañas contenían hasta un 100% de carne de caballo. Por su parte, la cadena Aldi confirmó también la existencia de entre un 30% y un 100% de carne de caballo en sus platos de lasaña y espaguetis a la boloñesa.
En medio de estos pleitos todos apuntan a Rumanía como principal culpable. Sin embargo, el mapa de la ruta del suministro de carne, que supuestamente salía de Rumanía y pasaba por Países Bajos, Chipre, Francia y Suecia, se asemeja a un rompecabezas. Los analistas opinan que lo sucedido es una consecuencia de la falta de control de alimentos. Para el investigador José Luis Camacho, los fraudes de la carne de caballo fueron realizados gracias a la participación de algunos funcionarios de aduanas y miembros de gobiernos.
El periodista internacional Alberto Rabilotta recuerda que en 2008 hubo otro escándalo en Canadá que costó 23 vidas porque -afirma- "en Canadá como en EE.UU., como en Europa, han sido desmantelados los controles de alimentos".
Recientemente la historia dio un giro inesperado cuando el periódico británico ’The Independent’ aseguró que la carne que se halla en el origen de la polémica podría ser de asno proveniente de Rumanía, algo que se apresuró a negar el primer ministro de este país. La dimensión que alcanzó el escándalo hizo que empresas gigantes como Tesco, Burger King o Monoprix se vieran obligadas a retirar casi todos los platos preparados con carne de marcas sospechosas.
El ministro británico de Medio Ambiente, Owen Paterson, declaró que podría haber una "conspiración internacional" detrás del escándalo de la carne de caballo hallada en productos que supuestamente contenían carne de vaca. Después del escándalo desatado por el hallazgo de carne de caballo en hamburguesas, lasañas y otros productos congelados que distribuyen en ese país las empresas Aldi y Findus, Paterson mantuvo una reunión de urgencia con las autoridades sanitarias y las principales cadenas de supermercados para tratar de esclarecer un asunto que ha conmocionado a toda Europa. Tras el encuentro, el secretario aseguró que se trataba de un caso de "grave negligencia" o "un complot internacional".
Pero mientras los gobiernos y las multinacionales buscan a los culpables, los intereses de la gente parecen quedar al margen.
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